Diario Amoroso II

abril 24, 2008 - Ejercicio narrativo

Lunes 3: 45

Me concentré en la responsabilidad. Corregir parte de mi trabajo poético fue como vivir una fiebre. A pesar del enamoramiento, de ese nombre que viene y va de mi pensamiento, me senté, seria, llena de interés; feliz, ante esa agitación de palabras.

Dos horas después, desayuné. Y en ese efecto maravilloso de la inspiración, me limité hablar lo necesario, imaginar lo necesario, llorar lo necesario. Una vez más, volver al trabajo. El final, fue como si la vida pasara delante de mí con su estela de buenos augurios.

 

            Recados: “Te extrañé este fin de semana”. “Escribí algunas páginas pensando en la iluminación de tus ojos”. “Aturdimiento”. “¿Me amas? ¿Me amas? “Estoy viva, risueña, complacientemente enamorada”. “Dime el nombre de las mujeres que has conocido”. “Vámonos más despacio, esta relación puede resultar fatal”. “Las palabras ¿qué son? cuando estoy a punto de perderme. Que sea como tú quieras”.

 

            Luisa (o bien podría llamarse Norma, Mónica, Karla), se burlan de mí. Me siento terriblemente incapaz de ocultar este amor que cae sobre mí como lluvia inevitable. No tengo forma de maquillarlo con cualquier otro pretexto. Mi carácter (que algunos consideran irreverente y descarado), no me da para estas cosas. Tengo la manía de decirlo todo en primera persona, antes que excusarme de mis defectos.

Bastó hablar del amor. El amor alegremente, riendo, amistoso, apasionado. Se me había olvidado lo que era vivir cada minuto en eterna correspondencia. Buscándolo, sintiendo el embrujo de estar separados por las horas para volver accidentalmente entre amistades; gente que nos quiere o nos detesta. Pero ¡qué difícil es el amor cuando una de las partes no funciona, cuando ya se ha besado antes, entregado, sentido frío! Luisa, como digo, se burla de mí. Porque lo sabe.

 

22

Cambio de casa. ¿Qué nos mueve a cambiarnos de casa? ¿A despojarnos de las paredes para habitar otras con fotografías, adornos, retazos de lo que hemos producido. Digo que es triste dejar una casa, esa parte que fuimos un día, para llegar a una totalmente anónima; tal vez demasiado perfecta. Meter a las maletas para luego sacar y reordenar los amores perdidos, los viajes no realizados, las promesas por efectuar. Cubrir con nueva máscara, la fealdad de la apariencia.

 

7: 51

Comencé este ejercicio con el afán de soltar la mano, de involucrarme (más allá del poema) con las palabras y dejar de tenerles miedo. No lo he logrado del todo, pero sí destaco algunos frutos. Las ideas, la página que lentamente se ha despojado de cuantiosas tachaduras o enmendaduras. Tal vez se piense que exagero, que es inaudito hacer una fiesta por estas líneas, tal vez confusas para el amabilísimo lector.

Sé de antemano, que el buen narrador podrá reírse de esto que considero un verdadero triunfo, pero ¿qué puedo hacer?, si he llegado tan lejos. Me pienso a orillas del mar, escribiendo sobre él mi primera novela.

 

Miércoles 23

Recado: Hay días en que mi realidad es poética, definitivamente. Y soy yo la poesía. No puedo contener esta burla.

 

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abril 17, 2008 - Doble vida II

 A Graciela, mi madre,

por creer fielmente en estas historias

9 de abril, 08

Hay tiempo para todo. Saludar, escribir una carta, reír, cantar. Tiempo para retomar los caminos de la infancia, ese territorio en el que me siento más humana; bajo control la rebelión de miedos, mi escudo de identidades ficticias. Encontré en ese espacio de juegos, un reloj que usé por muchos años. En la carátula, la imagen del pájaro loco. Me gustaba verle las manos girar lentamente, saber que el tiempo pasaba como un barco de gigantescas velas, la sangre o el pensamiento. Nuevo descubrimiento. Desde entonces los relojes grandes me rodean céntimo a céntimo. Identificar de la vida sus números exactos, cada detalle, cada distancia. Dos relojes de pulso dentro del alhajero, un reloj alarma sobre el buró, dos más de pared en la sala y en el cuarto de visitas, el reloj de la computadora, el de la tele, el que llevo puesto. Lo absurdo: vivir calculándolo todo, incluso los tropiezos.

 

En el pensamiento, en el cuerpo, unirnos aguerridamente. No queda más que insistir envueltos en la colisión de la fantasía. En el paraíso desierto de lo cotidiano, nacer uno del otro, entretejidos, claros, soleados. Prolongar las caricias al juego, al odio, al polvo de ciertas cosas, libros, charlas, nuestras ideas en sinfonía de contradicciones. Prolongar.

 

Sábado

La impotencia de comenzar una buena charla. Las palabras me traicionan, se me revelan en confusión de verbos y adjetivos. No me atrevo a mirar a las personas cuando sé que los errores han sido demasiados. En lugar de decir casa, digo edificio, multitudes por calles, maldición por pánico. Dar clases por ello se ha vuelto tortuoso. Yo misma me sorprendo cuando no sólo me equivoco en la pronunciación de las palabras, sino en fechas, nombres de libros, historias que leídas una y otra vez, he olvidado por completo. Antes, para recordar vigorosamente, me bastaba con acudir a ciertas claves. El estrés y el enamoramiento, nada tienen qué ver. Es como echarle la culpa a las ventanas del frío, a la pata de la silla, al maullido de los gatos. He optado por escribir todo de una vez; incluso, dibujar los episodios más importantes de mi vida. Es maravilloso escribir una carta, por ejemplo, cuando el único destinatario seré yo misma. Escribir un diario, escribir en libertad onírica.

 

            Me han pedido escribir una serie de cuentos para un medio impreso aquí en la ciudad de Torreón. Y como si no fuesen suficientes las historias, me arriesgo en esta ruta de detalles, de desbordamientos. Duermo en plena actividad, inquieta, inspirada. He logrado los siguientes temas:

 

  1. La noche
  2. La vida sexual
  3. La escritura
  4. El egoísmo, la esclavitud, la perversidad del amor. El amor humano, el menos real.
  5. Las conversaciones telefónicas
  6. Las sospechas

 

Martes

El sol en penumbra. Otra vez, la comedia del suicidio. Cómo disimularlo, cómo decir que sólo se jugaba a soltarse del tercer piso o quinto o undécimo. ¡Qué inútil la vida del suicida! Imposible hacerlos mirar desde este lado de la vida. Bailar es mejor decisión que el suicidio. Bailar hasta el amanecer, hasta terminar exhaustos, hasta que los pies sean sólo dos llagas. Ninguna tragedia es más espantosa que quedarse sentado mientras la pieza avanza y el maquillaje de los ojos se corre y la conversación en la ruptura natural del fastidio. Aunque los pasos se den a medias, hacer el esfuerzo. Ya se ha llorado bastante, ya se ha engañado al cuerpo con cien mil pastillas. El baile lo perdona todo. O sino, lo demora.  

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abril 9, 2008 - Doble vida

25 de marzo

He pensado en la doble vida. Una, es la que se sabe, la que se atestigua en fotografías, videos, amigos que son como una especie de arrebato. La otra, es la íntima, la que se oculta en un número telefónico, una carta, un poema dedicado. Esta doble vida, es la que a mí me agrada, me hace sentir optimista ante las horas por venir, días, meses años, paseos. Tan intensas, tan deseosas, tan acaloradas, tan sufridas son estas existencias.

 

Rentamos una cabaña muy cerca de la ciudad. El paisaje nos recibió con su variedad de pinos, pájaros, un tipo de arbusto desconocido, álamos, chanates. En el pueblo más próximo, compramos dos botellas de vino, una pelota con cascabel (que mi sobrina infló y desinfló infinidad de veces), víveres para cuatro bocas deseosas. Nunca había visto la noche tan oscura. Hay cierta gracia en las historias de terror ya olvidadas. El suspenso, luego el grito. En punto de las 12, buscamos, pero no encontramos nada. Las figuras distorsionadas de la oscuridad no nos llevaron a nada. No sé si soporte la permanencia puntual de los hijos.

 

*

En el origen del agua, en la tierra del agua, en el musitar del agua, en el cabello desteñido del agua, en el cuerpo dolorido del agua. En su entraña, en su abismo.

 

*

Los chanates revolotean eclipsados, enfurecidos. Les gusta observar más no ser observados. Incendiados desde la cola hasta el pico, son un griterío avasallante. Imposible reconocer el encanto.

 

27 de marzo

Bien pudiera vivir aquí, sin más compromiso que el de la lectura y la escritura. Imagino que la escritura florecería en esta vida aislada, en este fuego interno que recomienza. Tendría tiempo para todo: dormir, comer lo necesario, amar como si la vida fuese un solo graznido. Tendría tiempo para replantear mis temas; replantearme yo misma. Sería maravilloso comenzar a escribir una novela o cuando menos decir que la escribo, en este silencio, de sol aparecido.

 

8 de abril

Hemos recibido llamadas misteriosas A Jayme le tocó responder las primeras tres y yo, a esta última en el momento en que salía a correr para deshacerme de los fantasmas del cansancio. Al levantar la bocina, el silencio. Luego, la voz de la persona, que se presentaba como ejecutivo de cualquier banco. Le colgué casi inmediatamente, no sin advertirle que jamás hago tratos bancarios por teléfono y menos aún con el que usted representa –dije maliciosamente–, del cual estoy convencida, jamás seré una más de sus clientes. Le arrojé dos o tres frases más, colgué y después, me vino la tristeza. No estoy segura de que haya sido un delincuente, pero lo traté como si lo fuera. El dicho reza: más vale prevenir, que lamentar. Me pareció que lo mejor era colgarle, decirle basta, búrlate de otra persona pero no de mí. Y ¿si esta persona necesitara un amigo?, ¿si el invento de las tarjetas, los créditos, las afores, ocultaran la noble intención de compartir? Estudios, anécdotas, amores, playas en su cóctel de olas y gaviotas azules. Sería, entonces, la delicia de hablar largamente. De sentirse cerca aún sabiendo que la línea del destino es débil. Qué pudiera yo decirle. “Soy tan tímida que siento una sacudida cuando suena el teléfono” escribe Anaïs Nin. Ahora lo creo rotundamente: la llamada no tenía un fin delictivo. Antes bien, vivir en el clímax de la camaradería.

 

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Nadia Contreras-Ávalos (1976). Maestra en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. Autora de los poemarios Retratos de mujeres (Costa Nativa, Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima, 1999); Mar de cañaverales (La Luciérnaga Editores, 2000); Lo que queda de mí (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003); Figuraciones (Editorial Paraíso Perdido, 2005); Poemas con sol en tres tiempos (Editorial La Fragua, Instituto Coahuilense de Cultura, 2006) y Cuando el cielo se derrumbre (El Tucán de Virginia, 2007). Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2001; Premio Estatal de la Juventud Colima, 2002; Premio a proyectos culturales en la categoría de poesía, 2003, otorgado por el Instituto Mexicano de la Juventud; Premio a publicación editorial, convocado por la Dirección de Cultura de Torreón. Vive en Torreón, Coahuila, México.

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